sábado, mayo 30, 2015

Del otro lado... (Primera Parte)


Todo el mundo piensa que emigrar es hacer una maleta como quien se va de vacaciones y escoge sus mejores pintas para llegar a un país que te espera con los brazos abiertos lleno de personas ansiosas por verte y estar contigo...

Muchos piensan que es así de fácil como decir en el aeropuerto a tu gente: "Chao mami y papi, familia, nos vemos en el cumple de .... , y que ese tiempo se siente tan corto como para que tu corazón ni lo perciba.

Muchos tienen la falsa creencia de que todos los problemas "se acaban" cuando sales de tu país y te alejas de la gente con "mente subdesarrollada/tropical/latina" para entrar en una sociedad del "primer mundo". Que todas las molestias, la inseguridad, las injusticias, los malos tratos, la falta de oportunidades terminan cuando pones un pie fuera; pero todos los que estamos del otro lado, sabemos que cambiamos unos problemas por otros.

Muchos creen que emigrar es comenzar a vivir literalmente el "sueño americano, ó australiano, ó canadiense, ó colombiano, ó europeo, etc., etc., de libertad".

Muy pocos entienden lo que se siente al tratar de meter tu vida, tus recuerdos, tus logros, tus experiencias, algo que te recuerde tus seres queridos, algo que te recuerde tu hogar, tus olores, tus sabores, los libros que están en tu mesita de noche, el cd de la película que de vez en cuando repites, aquella foto de ese momento feliz con tu familia y tus amigos; todas las cosas que tal vez para muchos no tienen valor pero que a ti, su falta, te haría sentir como incompleto, y todo, todo, todo en una maleta de 22 kilos...

Muchos salimos creyendo que tus compatriotas serían los primeros en abrirte sus puertas, sus corazones, los primeros en orientarte adecuadamente para tomar las mejores decisiones en el nuevo país; nadie que no esté del otro lado sabe lo que se siente estar enfermo, vomitar, tener fiebre, que tengas dolor de muela y que no haya un alma que te sostenga la cabeza...

Muchos creímos que nuestros estudios, nuestra formación, nuestra experiencia y la educación en todos los sentidos, sería valorada, apreciada y tomada en cuenta a la primera; y que cualquiera lo percibiría a penas nos viese; nadie que no esté de éste otro lado entendería porqué aún estando preparados aguantamos malos tratos de jefes, la mayoría de las veces sin formación alguna, sólo porque hay que cubrir las facturas del mes, nadie que no esté aquí o sea capaz de ponerse en los zapatos de otro entendería el dolor que se alberga cuando tu título sirve para levantar cajas, lavar baños, limpiar, vitrinas, no comer por horas para que no te descuenten el momento del almuerzo, etc....

Muchos piensan que ese "homesick" es una estupidez, casi una infantil dependencia y es criticada abierta y cruelmente la mayoría de las veces por personas que no han estado en la situación o porque han tenido la suerte de emigrar con la familia completa y/o con trabajo garantizado; sólo el que está del otro lado sólo como uno, entiende y sabe lo que se siente en el estómago y en el corazón cuando escuchas, dices o lees "airport" y es que alguien de los tuyos llega;... y sólo el que está del otro lado entiende lo que se siente cuando escuchas, dices o lees "airport" y es porque alguien de los tuyos se va...

Muchos me han dicho: "tienes que asumir que ya estás aquí!". Y me da risa, parece humor negro, porque al fin y al cabo: qué no asumimos?, si desde el mismo momento que nos bajamos del avión y entramos en ese otro país, empezamos a ASUMIR (aceptar) una serie de cosas de las cuales pocos, estuvimos conscientes; tal cual como cuando aceptamos "las condiciones de uso" y le damos "next" sin leer a cualquier cosa; erróneamente nadie se esperaba lo que venía en letra pequeña...

Y qué decían las letras pequeñas?, que no tendríamos a la familia para brindarte un abrazo de apoyo cuando estuvieses deprimido; que no estaríamos presentes para los nacimientos, bodas, cumpleaños, matrimonios, graduaciones de tus familiares; que todos nuestros estudios y conocimientos estarían en entredicho porque no fueron hechos en el "primer mundo"; aceptamos la soledad y el sentirte sin voz ni parte porque no eres nativo; y que en tal caso vale más solo que rodeado de gente negativa que apuesta a tu fracaso; aceptamos que debemos poner muchas veces el título en una gaveta pero NUNCA desprendernos de nuestros valores y principios, por muy "bajito" que paguen. Aceptamos las frustraciones, las incontables decepciones, la separación, el trabajo duro, la soledad, el sentirse muchas veces aislado, los desprecios, mezquindades e injusticias ahora al estilo del primer mundo; aceptamos lo poco que sabíamos y todo aquello que nunca imaginamos ese día yendo al aeropuerto para ese encuentro con "la idealizada sociedad"...

Muchos pensarían que hoy (egoístamente) le diría a alguien que está pensando en emigrar, que no lo haga; no, no es el caso. Muchos dirían como jueces activos de la vida de otros: para qué te quedas entonces y sigues quejándote?... Creo que yo desde éste otro lado, les diría que querer un mundo mejor no es un pecado, desear que haya gente capaz de ponerse en tus zapatos sin juzgarte, que te tiendan una mano o te digan una palabra de apoyo en tus momentos de angustia y desesperación, que no importa si estamos fuera o dentro somos hermanos; aquí de este lado la queja es por la indiferencia, por los que llegan y olvidan sus raíces, por los que llegan y se creen mejores... Aquí de este otro lado, con todos los golpes que recibimos por querer pertenecer a una sociedad que no entiende nuestra forma de pensar, la lucha es por brindarle la oportunidad a nuestras familias y que si llegan, nuncan sufran lo que uno pasó, y pasa desde el principio, lamentablemente nuestro país es una suerte de lotería el estar vivo, así como fue la "lotería" la que me trajo aquí. Extraño? si, las condiciones en las cuales se llega al otro lado son relativas, unos "aprovechando" un hecho fortuito, algunos huyen movidos por la inseguridad, otros decididos a hacer lo que sea para quedarse, contados casos los que llegan con un trabajo, y ciertamente los bendecidos los que llegan con sus familiares... A los que como yo, que somos la versión "yo con yo" nos toca salir en la búsqueda de un "Mr. Wilson", por el cual no se nos cobre de más en un alquiler...

Aun con toooodas las experiencias, malas, regulares, no tan buenas, medio buenas y buenas, hoy, me siento más venezolana y latina que hace 4 años antes de salir de mi tierra. Yo siento mi gente y mis costumbres tan arraigadas como si hubiese salido hace unos segundos; y hablo de esas costumbres que nos hacen únicos y super valiosos. Yo NO PUEDO decir que no quiero ver venezolanos o que me molestan los latinos porque son unos cómodos, sinvergüenzas, mal educados; porque AQUí en el primer mundo, he tenido la oportunidad de ver ejemplos malos y buenos de cualquier nacionalidad, raza y color; aquí entendí (algo a la fuerza) que el bien y el mal es una condición intrínseca del ser humano, y la mayoría de las veces el que te va a favorecer te mirará a los ojos y no el país que emitió el pasaporte.

Del otro lado se aprende a apreciar aquello que dábamos por sentado en nuestros países, aprendemos el VALOR de la familia no porque uno no apreciara, sino porque ahora sabes que NADIE fuera se preocupará igual, ni te apoyará igual, sin buscar beneficiarse primero; le das valor a la amistad y aun lejos, entiendes que es algo que debemos cultivar porque es aquello que nos mantiene vivos; de éste lado aprendes a valorarte tú, sabes que conoces y entiendes cosas que así no uses porque no tuviste la oportunidad, están ahí, son tuyas, nadie te las puede quitar. De éste lado se aprende que el acercamiento a Dios no es meramente asistir a una iglesia, es levantarte un día y dar gracias en medio de todos los sinsabores que nos rodean. Los golpes de pecho no son por lo que tenemos o pudimos comprar, es porque aún con las condiciones en contra, resistimos al fracaso; y descubrimos que "fracaso" es sólo darte por vencido y abandonar tus sueños...
Emigrar?... es eso... es un poco olvidar lo que creías ser y tener y empezar de cero, con una maleta de 22 kilos y un corazón que pesa cada año de tu vida, con todos sus días, minutos y segundos hasta el momento que quedaste del otro lado de la puerta en el aeropuerto y levantaste la mano y dijiste adiós a tu familia.

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